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Rosalinda Arroyo, César Canales, Germán Morales, Héctor Silva y Claudio Carpio

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO / FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES IZTACALA. GRUPO T DE INVESTIGACIÓN INTERCONDUCTUAL

En el presente trabajo se analiza de manera general el modo en que desde perspectivas cognitivas se aborda la comprensión lectora y se presenta una forma alternativa para su estudio. Desde la perspectiva interconductual se caracteriza a la comprensión lectora como ajuste lector, el cual puede estructurarse en cinco niveles diferenciales de complejidad. Dicha caracterización permite nuevas formas de evaluación, lo cual posibilita identifi car diferencias funcionales en el ajuste lector. Se incluye una breve reseña del programa de investigación para el estudio del ajuste lector, así como sus prospectivas.

 

Arrieta de Meza, Beatríz / Batista Ojeda, Judit Teresa / Meza Cepeda, Rafael Daniel / Meza Corona, Daniel Ysaac.

Universidad del Zulia - Venezuela

El presente artículo reseña la primera etapa de la investigación «Bases teórico-metodológicas para el diseño de un Instituto Universitario de Comprensión Lectora y Redacción Académica», en La Universidad del Zulia (LUZ). Tiene como finalidad demostrar la necesidad de darle a la lectura y a la redacción la importancia dentro de las exigencias del currículo de los estudios universitarios. Se analiza la lectura desde una perspectiva práctica, centrada en el currículo. En esta investigación traemos al campo de la práctica a la lectura como centro del currículo, lo cual permitiría acercarnos a la solución del problema. Al centrar los estudios de lectura en el currículo correspondiente, es posible ayudar directamente al estudiante y al profesor. Para la etapa posterior, es necesario considerar que la redacción académica sólo existe si hay previamente una comprensión lectora

 

Sábado, 06 Marzo 2010 13:59

Predicción de la Comprensión Lectora

Escrito por

Dra. Anunciación Quintero Gallego.

Departamento de Didáctica. Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de Salamanca.

A pesar de los numerosos estudios realizados en torno al análisis de los componentes básicos de la lectura, no parece haberse llegado aún, dada la complejidad del tema, a conclusiones definitivas; ya que la gran mayoría de las investigaciones empíricas y experimentales realizadas al respecto, se limitan a establecer la correlación entre los aspectos medidos por determinados tests y el rendimiento en lectura, siendo escasas, sin embargo, las destinadas a comprobar la estructura interna de los factores madurativos supuestamente implicados en el aprendizaje lector (Molina, 1983).

Por otra parte, la ausencia de coherencia y estabilidad que se constata en los resultados de dichas investigaciones ha dado origen quizá a que algunos de estos aspectos o habilidades formen parte de la mayoría de las «baterías predictivas del aprendizaje de la lectura», mientras que otros solamente figuran en algunas, llegándose incluso a intentar predecir dicho aprendizaje a partir de un solo componente o rasgo, como es el caso de Edfeldt cuyo test ha sido objeto de estudio en el presente trabajo.

Otro ejemplo evidente de esta divergencia es el referido al efecto que el nivel de inteligencia puede tener en el éxito lector. La cuestión de la aptitud lectora como aptitud específica o como nivel de desarrollo de la estructura cognoscitiva aún no ha sido dilucidada.

Nuestro estudio intenta acercarse a este problema mediante el análisis y comprobación de las dos hipótesis siguientes:

«Debe existir alguna estructura de base cognoscitiva y aptitudinal asociada al fenómeno de la comprensión lectora».
«La capacidad de predicción del W.P.P.S.I. con relación a la comprensión lectora es mayor que la capacidad de predicción de los tests A.B.C. o Reversal».

 

Antonio José César de Almeida González. Tesis doctoral.

Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Universidad de Salamanca.

En esta tesis se han estudiado los efectos de dos intervenciones y sus interacciones en variables relacionadas con la comprensión lectora. La primera intervención está basada en la noción de lectura conjunta, en la que, por medio de distintas mediaciones, se intenta facilitar la participación progresiva de los alumnos en las tareas y procesos asociados a la comprensión. Se trata de ofrecer a los alumnos, durante su lectura, ayudas que destacan la estructura del texto y sus contenidos principales. La segunda intervención consiste en invitar a los lectores, al final de cada frase, a pensar en voz alta en lo que han leído. Los 69 sujetos de 8º de la muestra han sido distribuidos por 4 condiciones, una de control, una para cada una de las intervenciones y otra en la que los alumnos recibían ambos tratamientos simultáneamente.

Los datos han mostrado que las ayudas han sido eficaces en las medidas asociadas a la memoria (organización de los resúmenes y número de ideas centrales presentes en ellos) y la comprensión literal (respuestas a preguntas de tipo literal) del texto, pero no en las medidas de comprensión inferencial. El pensamiento en voz alta, a pesar de no haber sido eficaz en la mejora de la memoria del texto, sílo ha sido en la calidad de las respuestas a preguntas literales y, de una forma marginalmente significativa, en las respuestas a preguntas de tipo inferencial. Se han encontrado algunas interacciones entre los dos tratamientos.

Se han analizado también los protocolos de pensamiento en voz alta, que han revelado la opción por la utilización de paráfrasis como la más habitual. Sin embargo, los tipos de pensamiento en voz alta cuya utilización parece haber sido más estratégica han sido las autoexplicaciones y las recuperaciones de información. El hecho de que los alumnos recibieran ayudas ha aumentado la cantidad de recuperaciones que han producido.

En los apartados finales, se presentan reflexiones respecto de las implicaciones de los datos para la teoría y la práctica educativas y se apuntan algunas limitaciones del estudio y sugerencias para futuras investigaciones.

 

 

Ángela GRACIA

University of Otago, Dunedin, New Zealand

En la enseñanza de las lenguas con un enfoque comunicativo se tiende a concentrarse más en tareas de comunicación orales interactivas. En este artículo se destaca la importancia de la lectura como una base para el desarrollo de las estrategias de comprensión lectora. En una enseñanza de español a nivel universitario, la lectura de textos auténticos, medianamente largos, sirve como base para elaborar el vocabulario y estructuras sintácticas que permitirán al estudiante adquirir un nivel adecuado, para utilizar esa destreza con fines de lectura de contenidos, pero también como base para redactar en la lengua meta.

 

Sábado, 06 Marzo 2010 13:39

Historia de la biblioteca

Escrito por

Etimología

El término biblioteca (del griego βιβλιοθήκη biblion = libro y thekes = caja), significa «el lugar donde se guardan los libros».

Definiciones

Según el DRA

Biblioteca
(Del lat. bibliothēca, y este del gr. βιβλιοθήκη).
1. f. Institución cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de libros y documentos.
2. f. Local donde se tiene considerable número de libros ordenados para la lectura.
3. f. Mueble, estantería, etc., donde se colocan libros.
4. f. Conjunto de estos libros.
5. f. Obra en que se da cuenta de los escritores de una nación o de un ramo del saber y de las obras que han escrito. La biblioteca de don Nicolás Antonio.
6. f. Colección de libros o tratados análogos o semejantes entre sí, ya por las materias de que tratan, ya por la época y nación o autores a que pertenecen. Biblioteca de Jurisprudencia y Legislación. Biblioteca de Escritores Clásicos Españoles.

Según la norma UNE 50113-1:1992 sobre conceptos básicos de información y documentación, el término biblioteca puede definirse en dos sentidos:
1.    Cualquier colección organizada de libros y publicaciones en serie impresos u otros tipos de documentos gráficos o audiovisuales disponibles para el préstamo o consulta.
2.    Organismo, o parte de él, cuya principal función consiste en construir bibliotecas, mantenerlas, actualizarlas y facilitar el uso de los documentos que precisen los usuarios para satisfacer sus necesidades de información, investigación, educativas o de esparcimiento, contando para ello con un personal especializado.

Según la ALA (American Library Asociation) se define la biblioteca como una «Colección de material de información organizada para que pueda acceder a ella un grupo de usuarios. Tiene personal encargado de los servicios y programas relacionados con las necesidades de información de los lectores».
En todas las definiciones distinguimos cuatro elementos fundamentales:
1.    Colección.
2.    Organización.
3.    Uso.
4.    Gestión.

Cuando hablamos de colección nos referimos a una realidad heterogénea y en constante evolución. Durante muchos siglos se limitó a los libros en principio manuscritos, luego impresos. Posteriormente se incorporaron las publicaciones periódicas y otros impresos. Luego material cartográfico, música impresa, elementos gráficos, audiovisuales, microfichas, etc. En un paso siguiente se incorporaron los ficheros electrónicos en soportes físicos almacenados en la biblioteca y hoy día gracias al desarrollo de las telecomunicaciones e Internet, las bibliotecas empiezan a tener acceso a documentos que nunca poseerán físicamente, pues se hallan albergados en servidores remotos, a veces en otros continentes. Ello ha dado origen a la aparición de un nuevo concepto, el de biblioteca digital.
Colección, organización y uso son los tres elementos fundamentales de la biblioteca. La biblioteconomía moderna realiza especial hincapié en el uso, y por extensión, a los usuarios, ya que la colección y la organización tienen razón de ser en dependencia de esta primera. A través de los siglos ha ido pasando el interés de la colección a la organización y, por último, al uso.

En 1931 el gran bibliotecario indio Ranganathan formuló sus cinco leyes, que resumen a la perfección el espíritu de la moderna Biblioteconomía:
1.    Los libros están para usarse.
2.    A cada lector su libro.
3.    A cada libro su lector.
4.    Hay que ahorrar tiempo al lector.
5.    La biblioteca es un organismo en crecimiento.

La historia de las bibliotecas discurre paralela a la historia tanto de la escritura como la del libro.
En sus orígenes tuvieron una naturaleza más propia de lo que hoy se considera un archivo que de una biblioteca. Nacieron en los templos de las ciudades mesopotámicas, donde tuvieron en principio una función conservadora, de registro de hechos ligados a la actividad religiosa, política, económica y administrativa, al servicio de una casta de escribas y sacerdotes. Los documentos se escribían en escritura cuneiforme en tablillas de barro, un soporte basto y pesado, pero que ha garantizado su conservación. Destacaron especialmente las bibliotecas-archivo de Mari, Lagash y Ebla, así como la del rey asirio Assurbanipal.

Egipto.

En Egipto existieron dos clases de instituciones: Casas de los Libros, que hacían las veces de archivos para la documentación administrativa y Casas de la Vida, que eran centros de estudios para los escribas y que poseyeron colecciones de las que se podía hacer copias. La escritura, en sus diversas formas, jeroglífica, hierática o demótica, se recogía en rollos de papiro.

Grecia

En la antigua Grecia, el libro y las bibliotecas alcanzaron un gran desarrollo. Las bibliotecas adoptaron formas que pueden considerarse como antecedentes de las actuales. La escritura griega, derivada del alifato semítico, permitió generalizar en cierta forma el acceso a la lectura y al libro y que aparecieran, por primera vez, bibliotecas desvinculadas de los templos. El periodo helenístico fue el del nacimiento de grandes bibliotecas legendarias, como la Biblioteca de Alejandría o la de Biblioteca de Pérgamo, que se crearon con la voluntad de reunir todo el conocimiento social de su tiempo y ponerlo a disposición de los eruditos.

En Roma

Deudora de la cultura griega, se empleó el mismo soporte escriptóreo, el rollo de papiro. Allí se fundó la primera biblioteca pública de la que hay constancia, por parte de Asinio Polión y existieron grandes bibliotecas como la Octaviana y Palatina, creadas por Augusto, y la Biblioteca Ulpia, del Emperador Trajano. Las bibliotecas romanas acostumbraban a tener una sección griega y otra romana.
Con el auge del cristianismo empieza a difundirse un nuevo formato, el códice de pergamino y la lectura comienza a desplazarse de las instituciones paganas, en franca decadencia, a las de la naciente Iglesia cristiana.

Edad Media

En los tiempos medievales, con las invasiones bárbaras y la caída del Imperio Romano de Occidente, la cultura retrocede y se refugia en los monasterios y escritorios catedralicios, únicos lugares que albergan bibliotecas dignas de tal nombre. Son centros donde se custodia la cultura cristiana y los restos de la clásica, al servicio de la Religión. Bibliotecas de monasterios como Saint Gall, Fulda, Reichenau, Monte Casino, en Europa o Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla, Sahagún o Santa María de Ripoll en España, se convirtieron en los centros del saber de su tiempo
A partir de la Baja Edad Media con la creación de las universidades primero y con la invención y difusión de la imprenta después, se crean las nuevas bibliotecas universitarias, al tiempo que el libro alcanza a nuevos sectores de la población.

En Oriente

Bizancio actuó de nexo de unión con la cultura clásica, que sobrevivió de este modo, influyendo sobre el mundo árabe y eslavo y también sobre la atrasada Europa occidental. Aquí hubo grandes bibliotecas en monasterios y ciudades. El mundo árabe también creó sus bibliotecas ligadas a las mezquitas y los centros de enseñanza coránica, madrasas. También aquí se crearon algunas de las mayores bibliotecas de su tiempo como la del califa Al-Mamum en Bagdad o Abd-al-Rahman III y su hijo Al Hakam II en Córdoba.

Edad Moderna

El Renacimiento marcado por la invención de la imprenta, creación de Johannes Gutenberg, y las luchas derivadas de la Reforma protestante, vio nacer, gracias a los ideales humanistas, un nuevo modelo de biblioteca principesca. Esta corriente desembocará en la aparición de bibliotecas reales y de la alta nobleza, que merced a los nuevos valores se abren a un público de eruditos y estudiosos. Destacan en el siglo XVI la francesa de Fointaneblau o las creadas en Austria y Baviera. En España destacan la de Hernando de Colón, la de la Universidad Complutense y la de El Escorial, creada por Felipe II, modelo de las posteriores bibliotecas barrocas.

En el siglo XVII se crean grandes bibliotecas eruditas como la Bodleiana en Oxford, la Ambrosiana en Milán o la Mazarina en París, de la que fue bibliotecario Gabriel Naudé autor de Advis pour dresser una bibliothequè, considerado como el Padre de la Bibliotecología (también conocida como Biblioteconomía).
Durante el siglo XVIII se crearon la Biblioteca del Museo Británico, antecesora de la British Library actual y la Biblioteca Real, germen de la Biblioteca Nacional de España. En esta centuria nacen la Biblioteca Braidense, en Milán, y la Real de Lisboa. También en este periodo nacieron las que serían andando el tiempo las bibliotecas universitarias de Yale, Harvard y Princeton.

Edad Contemporánea

Las revoluciones francesa y americana, supusieron el inicio de la extensión por Europa y América de nuevos principios democráticos y el nacimiento de una verdadera voluntad de hacer accesible la cultura y la educación para todos. En el mundo de las bibliotecas, esto supuso el nacimiento de una fiebre desamortizadora que se extendió por todo el continente y que transfirió a la sociedad un inmenso tesoro bibliográfico procedente de las instituciones del Antiguo Régimen, singularmente la Iglesia Católica. Pese a todo, este deseo de acercar la cultura a toda la sociedad no consiguió hacerse realidad hasta mediados del siglo XIX, con la aparición en el mundo anglosajón de la biblioteca pública, (public library).

Paulatinamente se fue consolidando la idea de que todos los seres humanos tienen derecho al libre acceso a la información. Sin embargo, siguiendo a Carrión, se puede afirmar que ante este hecho se establecieron tres corrientes que han determinado el pensamiento bibliotecario del siglo XX:
1.    La concepción europea continental, fuertemente marcada por el peso de los fondos antiguos y con una gran vocación conservadora y bibliófila, que ve a las bibliotecas de investigación como las auténticas bibliotecas. Asigna a las biblioteca pública una misión educativa.
2.    La concepción anglosajona, muy influida por ideas como el libre acceso a la información, el deseo de lograr su máxima difusión, una activísima cooperación interbibliotecaria y la extensión bibliotecaria.
3.    La concepción socialista, que ve en la biblioteca un instrumento esencial en la educación pero también de propaganda y de control ideológico de la sociedad.

A partir de 1989 con la caída del muro de Berlín, el modelo socialista entra en crisis y en la actualidad prácticamente ha desaparecido, salvo algunas excepciones, intentando adaptarse a los nuevos valores democráticos y a los continuos recortes presupuestarios. El modelo anglosajón se ha extendido por todo el mundo durante la 2ª mitad del siglo XX, y ha influido fuertemente en la Biblioteconomía actual, especialmente gracias a las doctrinas de la IFLA y de la Unesco, con programas como la UAP (Universal Availability of Publications), UBC (Universal Bibliografic Control), PAC (Preservation and Conservation) o UDT (Universal Dataflow and Telecommunications). La concepción continental pervive todavía ejerciendo una gran influencia sobre las bibliotecas nacionales y en el fondo sobre muchas bibliotecas de investigación y de carácter superior. Además ha influido aportando su carácter educativo a la biblioteca.

Tipología bibliotecaria

Clasificación UNESCO

Bibliotecas Nacionales: Las denominadas «bibliotecas nacionales» representan la cabecera del sistema de los estados. Están financiadas con fondos públicos y cumplen una doble finalidad: proporcionar material bibliográfico de investigación para cualquier disciplina, y conservar y difundir el patrimonio cultural (referente a información registrada a lo largo del tiempo) de cada país. En general, cada Estado tiene una biblioteca que es considerada «nacional» y cuyos objetivos son los antes reseñados. Por sólo citar algunos casos paradigmáticos, sirvan como ejemplos la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la Biblioteca Británica, la Biblioteca Nacional de España, la Biblioteca Nacional de Francia, la Biblioteca Nacional de Argentina, la Biblioteca Nacional de México, la Biblioteca Nacional de Chile, la Biblioteca Nacional de Colombia y la Biblioteca Nacional de Venezuela.
1.    Bibliotecas universitarias: Son las bibliotecas de las facultades, escuelas y demás unidades académicas de las universidades y centros de enseñanza superior difieren de las bibliotecas de investigación. Están al servicio de sus estudiantes y tienen que apoyar los programas educativos y de investigación de las instituciones en que se encuentran integradas, de las que obtienen, por regla general, su financiación.
2.    Otras bibliotecas importantes no especializadas: De carácter científico y erudito, ni universitarias ni nacionales. Ej: Bibliotecas regionales.
3.    Bibliotecas escolares:: estas complementan los programas de las instituciones a las que pertenecen,aunque también disponen de libros no académicos para fomentar el hábito de la lectura. Muchas cuentan con distintos medios audiovisuales y electrónicos. Su financiación procede de las instituciones escolares en las que están integradas.
4.    Bibliotecas especializadas: Las bibliotecas especializadas están diseñadas para responder a unas necesidades profesionales concretas. Por ello, suelen depender de empresas, sociedades, organizaciones e instituciones específicas, que proporcionan a sus empleados y clientes estos servicios durante su trabajo. La formación del personal de una biblioteca especializada incluye conocimientos tanto de la materia que cubren sus fondos como de biblioteconomía.
5.    Bibliotecas públicas: Las bibliotecas públicas pretenden responder a la amplia gama de necesidades que pueden demandar sus usuarios. Además de obras literarias clásicas, sus fondos pueden estar integrados por textos que proporcionan información sobre servicios sociales, obras de referencia, discos, películas y libros recreativos. Muchas de ellas patrocinan y organizan actos culturales complementarios, tales como conferencias, debates, representaciones teatrales, conciertos musicales, proyecciones cinematográficas y exposiciones artísticas. En este sentido, deben ser mencionados los servicios infantiles, sección característica de las bibliotecas públicas que promueve sesiones literarias, procura la existencia de una pequeña biblioteca infantil y, en ocasiones, hasta dispone de dependencias con juguetes. Dado que el objetivo de las bibliotecas públicas es satisfacer las necesidades del mayor número posible de ciudadanos, también suelen contar con máquinas de lectura y audición, así como con libros impresos en formatos especiales (por ejemplo con el sistema Braille) para personas que padecen problemas de visión. La financiación de estas bibliotecas procede de los poderes públicos locales.
Algunas de las nuevas formulas de bibliotecas infantiles son el bibliobús y las bebetecas. El bibliobús es una biblioteca móvil que se desplaza periódicamente por diferentes barrios de la ciudad, ofreciendo los servicios bibliotecarios a niños, jóvenes y adultos. Su objetivo es facilitar el acceso a la información, la cultura y el tiempo libre a todos los ciudadanos, sobre todo aquellos que por vivir en núcleos pequeños o dispersos carecen de una biblioteca estable. Las bebetecas se definen como un servicio de atención especial para la pequeña infancia (de 0 a 6 años) que incluye, además de un espacio y un fondo de libros escogidos para satisfacer las necesidades de los más pequeños y de sus padres, el préstamo de estos libros, charlas periódicas sobre su uso y sobre los cuentos, asesoramiento y una atención constante por parte de los profesionales de la biblioteca hacia los usuarios.

Biblioteca Nacional de España

Por motivos de espacio, la Biblioteca Nacional tiene sus fondos divididos en dos sedes. La primera de estas dos sedes se encuentra en pleno centro de Madrid y ocupa un edificio histórico compartido con el Museo Arquelógico Nacional.

La segunda sede se encuentra en Alcalá de Henares (Madrid) en un edificio de reciente construcción que recoge gran parte del patrimonio que custodia la institución. Aquí puede comprobar los horarios de acceso a las sedes, el calendario de apertura o su localización.

En cumplimiento de las disposiciones contenidas en el Real Decreto 951/2005, de 29 de julio (BOE de 3 de septiembre), por el que se establece el marco general para la mejora de la calidad en la Administración General del Estado, la Biblioteca Nacional pone a disposición de los ciudadanos su carta de servicios (B.O.E. núm. 312, de 30 de diciembre de 2003).


Información ampliada del DRAE, la BNE y la Wikipedia.

 

Martes, 17 Diciembre 2013 01:00

El origen del libro

Durante siglos, la tecnología ha marcado la historia y evolución de multitud de factores culturales de nuestro planeta. Así ha ocurrido con los avances tecnológicos que han dejado huella en la historia del libro: mejora de la calidad de los textos, de su conservación, del acceso a la información, de la manejabilidad, de los costes y producción y de otros aspectos afines.


Origen

El libro es entendido hoy en día como  negro sobre blanco en papel encuadernado, pero no siempre fue así. El primer soporte de escritura conocido es la piedra, posteriormente la arcilla, la madera, papiro (Egipto), seda (China), hueso, bronce, cerámica, escamas, palma seca (India), papel, soportes electrónicos, piel humana (tatuajes), etc.Torá
Etimológicamente, las palabras biblos y liber tienen, como primera definición, corteza interior de un árbol. En chino el ideograma del libro son las imágenes en tablas de bambú.
Las tablillas encontradas en Mesopotamia en el 3.000 a.C. fueron antecesoras del cálamo, un instrumento en forma de triángulo que servía para imprimir los caracteres en la arcilla antes de ser cocida. A esta escritura le siguió la cuneiforme, utilizada por asirios y sumerios, que cocían las tablillas para solidificarlas. En Nínive fueron encontradas 22.000 tablillas del siglo VII a. C., era la biblioteca de los reyes de Asiria que disponían de talleres de copistas y lugares idóneos para su conservación. Esto supone que había una organización en torno al libro, un estudio sobre su conservación, clasificación, etc.


El papiro

En el Antiguo Egipto se produjo uno de los avances tecnológicos más prácticos: aligerar el peso de los «libros». Las tablillas de madera o marfil del IV milenio a. C. fueron reemplazadas por los volumina (plural de volumen), rollos de papiro, más ligeros y más fáciles de transportar. Fueron los principales soportes de la escritura en las culturas mediterráneas de la antigüedad, tanto en Egipto, como en Grecia y Roma.
El proceso para producir papiro pasa por varias fases: se saca la médula de los tallos de papiro, se humidifican, se encolan, se prensan, se secan y se recortan, obteniendo unos soportes de una calidad variable; los mejores se utilizaban para las escrituras sagradas. Se escribía en ellos con un cálamo (tallo de una caña cortado oblicuamente) o utilizando plumas de aves.
Existen dos tipos fundamentales de escritura egipcia: la hierática o sacerdotal y la jeroglífica. Esta última dispone de signos más simplificados. Los rollos de papiro, resultado del encolado de varias hojas, se envolvían en un cilindro de madera, enrollándolos. Algunos sobrepasan los cuarenta metros (crónica del reinado de Ramsés III). Se desenrollaban horizontalmente; el texto está escrito por una sola cara y dispuesto en columnas. El título se indica por medio de una etiqueta atada al cilindro. Los rollos en papiro que se conocen provienen de tumbas en las que se depositaban, con plegarias y textos sagrados, como el Libro de los muertos (II milenio a. C.).
Los cilindros de papiro se llaman volumen en latín, palabra que significa movimiento circular, enrollamiento, espiral, torbellino, revolución, en fin, rollo de hojas escritas, manuscrito enrollado, libro. Los romanos utilizaban también tablas de madera untadas con cera en las que se podía imprimir y borrar los signos con la ayuda de un estilete (que tenía una extremidad acabada en punta y la otra redondeada). Estas tablas podían estar unidas de manera similar a las de los códices. Servían, por ejemplo, para enseñar a escribir a los niños (según los métodos descritos por Quintiliano en sus Instituciones Oratorias). Los únicos volúmenes que en la actualidad se siguen utilizando son los del Torá, en las sinagogas.

Del papiro al pergamino

La innovación de poder borrar el texto desplaza el uso del papiro a favor del pergamino. El pergamino se conseguía a partir de la piel de animales como la vaca, el cordero, etc. Este soporte permitía la conservación de los textos por más tiempo y en mejores condiciones al ser más sólido. Aunque era un soporte más caro.Pergamino
La leyenda atribuye su invención a Eumenes III, rey de Pérgamo, de donde procedería el nombre de pergamineum que derivó en pergamino. Su producción empezó hacia el siglo III a. C.
No se tienen muchas referencias acerca de los libros concernientes a la Grecia clásica. Algunos vasos del siglo V a. C. y del siglo VI a. C. representan unos volumina. No existía, sin duda, el comercio con el libro, pero existían algunos lugares dedicados a la venta de los mismos. La difusión, la conservación y la reflexión sobre la catalogación del libro y la crítica literaria se desarrollaron durante la época helenística con la creación de grandes bibliotecas, que respondían al deseo enciclopédico que se puede encontrar, por ejemplo, en el afán de Aristóteles y que respondían también, sin duda, a razones de prestigio político.


Bibliotecas

Se crearon bibliotecas con la intención de conservar un ejemplar de cada libro, traducir volúmenes en otros idiomas y crear catálogos de libros. Las bibliotecas más destacadas fueron: la de Atenas (el Ptolemaion fue la que tuvo más relevancia tras la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Importantes fueron también la biblioteca de Pantainos, hacia el 100; y la biblioteca de Adriano, en 132); la de Rodas, la de Antioquía y la más famosa de todas ellas: la biblioteca de Alejandría (creada por Ptolomeo I Sóter y constituida por Demetrio de Falero. Llegó a contener 500.000 volúmenes (en la parte del Museion) y 40.000 en el templo de Serapio (Sérapeion). El Museion fue destruido parcialmente en el 47 a. C. en Pérgamo, la biblioteca fundada por Átalo I, contenía 200.000 volúmenes que fueron llevados al Serapeo por Marco Antonio y Cleopatra tras la destrucción del Museion. El Serapeo fue destruido, en parte, poco después, 391 por los cristianos y los últimos libros desaparecieron en 641 con la conquista árabe).
En Roma se comenzaron a editar libros influenciados por los griegos en el siglo I a. C., sobre todo desde el punto de vista literario. Ático fue, por ejemplo, el editor de Cicerón. Pero el comercio del libro fue extendiéndose progresivamente por todo el Imperio romano. El libro se difundió, por tanto, gracias a la extensión del Imperio que implicó la imposición de la lengua latina en la mayoría de los pueblos (España, África, etc.)
Las bibliotecas eran privadas o bien eran creadas por algunos particulares. Julio César quiso crear una biblioteca en Roma: una biblioteca era, ya por entonces, un instrumento de prestigio político.
En el siglo IV existían en Roma 28 bibliotecas y muchas bibliotecas menores en las provincias.


Del pergamino al papel, del volumen al códice

Poco a poco el papel fue reemplazando al pergamino porque abarataba costes, lo que permitió una mayor difusión de los libros.
Al final de la Antigüedad, entre los siglos II y III, y , sobre todo, en la Edad Media, el códice sustituyó al volumen. El códice se entiende ya como el libro que conocemos hoy en día, con forma rectangular, dejó de ser un rollo continuo y se convirtió en un conjunto de hojas cosidas. Desde ese momento fue posible acceder directamente a un punto preciso del texto. El códice o libro resultaba más práctico ya que podía ponerse sobre una mesa facilitando que el lector pudiera tomar notas o escribir mientras leía. El formato de los códices fue mejorando con la separación de las palabras, las mayúsculas y la puntuación; después se añadieron las tablas de las materias y los índices, que facilitaron el acceso directo a la información requerida.
Este es el formato que hoy en día se usa, un formato con validez desde hace 1.500 años.
Los monasterios se convirtieron en la piedra angular de la edición y conservación de los códices. En el siglo IV, durante los períodos convulsos de las invasiones, los monasterios pudieron conservar, para Occidente, textos religiosos y algunas obras de la antigüedad. Asimismo, Bizancio dispuso de importantes centros de copia. Era necesario hacer copias de determinadas obras ya que la lectura era una actividad de gran relevancia en la vida religiosa (plegarias, trabajo intelectual, cánticos…). Existían scriptoria (lugares dedicados a copiar códices y volúmenes) en bastantes monasterios con la intención de copiar estos escritos considerados relevantes. Pero, sin embargo, algunos ejemplares no fueron copiados por los monjes debido a la intensa censura a la que los códices eran sometidos; los libros entendidos como «peligrosos» no eran copiados. Por lo tanto, la supervivencia de los libros dependía de luchas políticas e ideológicas que llevaron a la pérdida irremisible de códices de incalculable valor hoy en día (se perdieron muchos libros de incalculable valor en las disputas iconoclastas entre el 730 y el 840).


De los monasterios a las universidades, del pueblo a la ciudad

Las transformaciones político-sociales de la población hacia el urbanismo en las ciudades europeas y la renovación intelectual que las acompañó produjeron que las condiciones de producción de los libros cambiasen ampliando su difusión. En torno a las primeras universidades se desarrollaron las nuevas estructuras de producción: los manuscritos de consulta servían tanto para los estudiantes como para los profesores que enseñaban teología o artes liberales. El desarrollo del comercio y de la burguesía suponían, de igual modo, una demanda de textos especializados, o no (derecho, historia, novelas, etc.); y es en esta época cuando empiezan a desarrollarse los escritos en lengua vulgar (poesía cortesana, novelas románticas, etc.) El cometido del editor era, en consecuencia, cada vez más importante.
Se crearon entonces varias bibliotecas reales: como la de San Luis o la de Carlos V. También se coleccionaban libros en las bibliotecas privadas que adquirieron gran auge en los siglos XIV y XV.
En el siglo XIV, tras estos cambios político-sociales es cuando se difunde por Europa la utilización del papel, soporte ideado en China que, curiosamente, fue implantado en España (siglos XI y XII) antes que en Europa por ser la cultura árabe la intermediaria.
El pergamino se siguió utilizando pero para sectores de la sociedad más pudientes como la nobleza y la alta burguesía.
En el siglo VIII los árabes aprendieron a fabricar el papel, tal y como lo hacían los chinos, y lo dieron a conocer en Europa aunque, como bien es sabido, la incursión árabe en Europa comenzó por España. Los árabes crearon unas impresionantes bibliotecas, dignas de su gran cultura. Son ellos, precisamente, los que transmitieron una parte importante de las obras griegas a Europa. Sirve como ejemplo el redescubrimiento de las obras de Aristóteles comentadas por Avicena, descubrimiento que dio lugar a enconadas disputas entre Tomás de Aquino y Siger de Brabant.


La imprenta

Incunables Gutenberg inventó la imprenta a mediados del siglo XV, dando paso a la entrada del libro en la era industrial. La rapidez y el abaratamiento de costes en la producción produjeron una oferta que encontró demanda a la par. El libro era asequible para la gran masa. Antes del invento de la imprenta los códices se denominan «incunables».
En el siglo XIX se introduce el vapor en las imprentas, así como los molinos de papel también a vapor. De nuevo, la tecnología abarató los costes de producción. Muchos elementos bibliográficos, como la posición y formulación de los títulos y de los subtítulos se vieron afectados, también, por esta nueva producción en serie.

El libro en nuestros días

A finales del siglo XX irrumpe las Nuevas Tecnologías, basadas en códigos binarios (0 y 1) dando un nuevo giro al soporte de los libros, entendidos como documentos de lectura. Hoy en día, los ebook son libros en formato digital basados en esta tecnología que, posiblemente, acaben popularizándose como todo avance tecnológico a lo largo de la historia. A pesar de todo, esta popularización se basaría en ser un formato práctico e interactivo pero todavía no más económico.


Tipos de libros según su contenido
De valor religioso (textos sagrados, relatos mitológicos, textos mágicos)
Políticos (doctrinales, hazañas, ideales).
Históricos (hechos concretos, biográficos).
Económicos (listados de impuestos, donaciones y ofrendas)
Didácticos (textos de enseñanzas, refranes).
Filosóficos (éticos, aforismos, magistrales, sapienciales).
Literarios (novelas, cuentos, poemas).

Sábado, 20 Febrero 2010 18:49

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Escrito por

Próximamente.

Sábado, 20 Febrero 2010 16:37

Libros Comprensión Lectora

MICROLECTURAS PARA MACROLECTORES. Combina la ilusión por vivir con el miedo a los errores que todos podemos cometer, muestra una realidad tangible desde una visión asépticamente onírica. Todos nos escondemos de algo y huimos de alguien o buscamos alguna cosa, la vida fluye por caminos donde confluyen direcciones y sentidos. Hemos llegado al crosspath donde tomarse un respiro para elegir. Disfrútenlo. La vida es un circo reflejado en un espejo. Pasen y lean.

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PERIODISMO DE FICCIÓN. Es un recopilatorio del Blog de Dani Seseña. Periodismo Ficción «crea una impresión literaria que se queda en la retina», como bien describe Isabel Molina en el prólogo del libro. No te deja indiferente, es capaz de levantarte una sonrisa mientras te clava una palabra en el alma.

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EL ESPÍRITU ETERNO. Libro de intriga y aventuras para entrenar la comprensión lectora de los adolescentes y estudiantes universitarios. Material didáctico de apoyo y DVD interactivo de ejercicios también disponible. Libro elegido por el Pacto Andaluz por el libro para su campaña.

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EL ÚLTIMO LECTOR. Ricardo Piglia. Editorial Anagrama (2005) Una obra que ofrece la visión de un novelista sobre lo que es un lector y para qué se lee a partir de lo que él ha leído, ya sean biografías de escritores y políticos o novelas propiamente dichas. Nos habla también de la huella que pueden dejar algunas lecturas en muchas personas y de detalles que suelen pasar desapercibidos cuando leemos. Quizá sea demasiado prolijo en ciertas partes del libro al extenderse en detalles biográficos de algunos personajes descritos.

TRAS LAS LÍNEAS. Sobre la Lectura Contemporánea. Daniel Cassany. Editorial Anagrama (2006) Desde una perspectiva sociocultural este libro pretende dar respuesta a preguntas como ¿qué leemos hoy?, ¿cómo escribimos? Y es que vivimos en una sociedad en la que leer y escribir en pantalla es una "migración irreversible"...

LA LECTURA EN ESPAÑA. José Antonio Millán (Coord.). Federación de Gremios de Editores de España (2002) La Lectura en España es un libro colectivo, con vocación unitaria, que presenta un "estado de la cuestión", y se constituye en plataforma de debate de los muchos hilos abiertos que el futuro de la lectura tiene ante sí. Pretende aportar información y opiniones que permitan a las personas interesadas crearse un juicio sobre la situación.

EL RUMOR DE LA LECTURA. Equipo Peonza. Anaya (2001) La lectura, antes que una destreza, es un placer que no se descubre por azar. En esta obra, los autores reflexionan sobre los caminos que se deben transitar en el ámbito escolar para que los alumnos adquieran y consoliden el hábito de la lectura, conduciéndoles a elegir con libertad si quieren o no leer.

LA LECTURA, ¿AFICIÓN O HÁBITO? Luis Arizaleta. Anaya (2003) "Para hacer lectores existe un camino que pasa por cultivar la afición". Esto es lo que afirma Luis Arizaleta, un profesional con más de diez años de experiencia en el terreno de la animación lectora y la formación del profesorado. En su libro nos muestra cómo es posible educar la afición lectora.

LECTURAS PRECARIAS. Estudio sociológico sobre los "poco lectores". Joëlle Bahloul. Fondo de Cultura Económica (2002) La separación entre lectores y no lectores no es tan tajante como se suele pensar. Este libro cuestiona esta aproximación a la lectura a partir del estudio en profundidad del sector de los "poco lectores", un sector de población que reportó leer entre uno y nueve libros por año.

HABLEMOS DE LEER. VV.AA. Anaya (2002) Diez autores de literatura infantil y juvenil reflexionan sobre la lectura, los libros y la literatura. Partiendo de su experiencia personal como lectores, aportan diferentes e interesantes visiones sobre la lectura, sobre las causas que nos acercan a ella, o nos alejan, así como de las consecuencias que del leer se derivan. Diez miradas y diez lecturas que nos ofrecen claves para la acción, pero también para el conocimiento de estos escritores que antes de serlo fueron lectores.

CÓMO HACER DE TU HIJO UN LECTOR. Milagros Oya. Espasa Calpe (2004) Este manual ofrece a los padres unas sencillas pautas, de muy fácil seguimiento, para aficionar a los niños a la lectura desde la infancia hasta la adolescencia, un hábito que les acompañará en todas las etapas de su vida. La autora nos propone una serie de libros infantiles y juveniles, clásicos y modernos, que nos ayudarán a formar una biblioteca repleta de buena literatura.

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